Finalmente ha llegado el momento de contar un poquito sobre el ISBE 2026. Para quienes se hayan perdido las publicaciones anteriores en el blog y en las redes sociales, del 20 al 24 de julio de 2026 se celebró en Turín el congreso de la International Society for Behavioral Ecology, ISBE. Fueron cinco días intensos de charlas, simposios y talleres, durante los cuales se reunieron investigadores procedentes de todo el mundo para presentar las últimas novedades, investigaciones y descubrimientos en el ámbito de la ecología del comportamiento. Las diferentes charlas se agruparon en grandes áreas temáticas, entre ellas personalidad animal, comportamiento social, cognición, comunicación, cuidados parentales y mucho, mucho más. Como suele ocurrir en este tipo de eventos, muchas presentaciones se desarrollaban de manera paralela y, por lo tanto, cada participante tenía que decidir cuáles escuchar según sus propios intereses. No siempre era una elección fácil, especialmente cuando varias charlas interesantes tenían lugar al mismo tiempo en salas diferentes. Según las estimaciones iniciales y la información presentada durante la ceremonia de apertura, se habían registrado alrededor de 1,000 personas. Entre ellas había estudiantes de doctorado, investigadores en las primeras etapas de su carrera, profesores sénior y, de manera más general, personas interesadas en los temas tratados durante el congreso. Las charlas duraban alrededor de diez minutos, con algunos minutos adicionales para posibles preguntas—siempre que el ponente no hubiera superado ya su tiempo límite—y apenas tres minutos para desplazarse de una sala a otra. Desafortunadamente, algunos investigadores utilizaron más tiempo del que les correspondía, aunque esto no impedía levantarse y salir si era necesario llegar a otra presentación. Recuerden: si les dan un límite de tiempo, ¡respétenlo! No solo por ustedes mismos, sino también por quienes han ido a escucharlos y por los organizadores.

Sin embargo, estos eventos no están hechos únicamente para escuchar presentaciones, sino también para conocer a otras personas e intercambiar ideas. Para mí fue el primer evento internacional y, considerando mi timidez, no conseguí tomar la iniciativa de presentarme ante otros investigadores. Sin embargo, presenté un póster y, durante la sesión dedicada a él, logré hablar con alrededor de diez personas. En el ISBE, la sesión de pósteres duró solamente una hora y media. Durante ese tiempo, quienes presentaban permanecían junto a su póster, mientras que los demás participantes podían detenerse a leerlo, hacer preguntas y hablar sobre el trabajo. Naturalmente, muchos de los otros autores también tenían que permanecer al lado de sus propios pósteres, lo que hacía más difícil que quienes presentaban pudieran visitar el resto de la exposición. El póster que presenté se titulaba Reptile Cognition Across 25 Years: Progress, Biases, and Key Gaps y estaba basado en una revisión de la literatura científica sobre los estudios experimentales de cognición en reptiles publicados durante los últimos veinticinco años. Este trabajo constituye el contexto y una de las bases científicas de EvOCRO. Antes de centrarme en la cognición de los cocodrilos, era necesario comprender qué se había estudiado ya en los reptiles, qué enfoques se habían utilizado y qué aspectos todavía necesitaban recibir una mayor atención.

No entraré aquí en los detalles de los resultados, porque el trabajo aún no está terminado y el objetivo es transformarlo en un artículo científico. Por lo tanto, espero poder contar mucho más en el futuro, cuando el trabajo esté listo para su publicación. Por el momento, solo puedo decir que, a pesar de los avances realizados durante los últimos veinticinco años, todavía existen importantes desequilibrios en la investigación sobre la cognición de los reptiles. Durante la sesión de pósteres fue interesante observar que muchas personas se mostraron gratamente sorprendidas al descubrir que varias técnicas utilizadas para estudiar la cognición de otros vertebrados también se han aplicado a los reptiles. Al mismo tiempo, todavía existe un sesgo considerable en los estudios sobre la herpetofauna, y aquí incluyo tanto a los reptiles como a los anfibios. Estudiar grupos que siguen estando poco representados no significa simplemente añadir nuevas especies a una lista, sino que puede ayudarnos a comprender mejor cómo han evolucionado determinadas capacidades y cuánto pueden diferir entre grupos de animales con historias evolutivas distintas. Incluso al observar el programa del congreso, era difícil no darse cuenta de que la investigación sobre el comportamiento animal continúa centrándose mucho más en determinados grupos de animales que en otros. Naturalmente, esta es solo una impresión general derivada de las presentaciones a las que pude asistir y no el resultado de un análisis formal del programa, pero, aun así, nos recuerda que todavía nos queda mucho camino por recorrer. No puedo decir que esta experiencia haya vencido de repente mi timidez, porque no sería verdad. Sin embargo, el póster me ofreció un punto de encuentro concreto y me permitió hablar sobre mi trabajo con personas que habían decidido detenerse, leer y hacer preguntas. El ISBE 2026 fue un evento intenso, con un programa extremadamente rico y, en ocasiones, incluso demasiado apretado. Sin embargo, también fue una oportunidad importante para presentar una de las bases científicas de EvOCRO y para llevar a los reptiles—y, por supuesto, a los cocodrilos—un poquito más hacia el centro de la conversación.

F. M. C.